-"Supongo que hoy no quieres trabajar", me afirmo mi editor por teléfono, apenas conteste. Debería agregar signos de interrogación a su afirmación, más aun si consideramos que era falsa, y que había sido falsa todas las veces anteriores, pero Fernando tenia esa manera ridícula de presionar a su gente. Era de ese tipo de jefes que alguna vez tuvieron un jefe insoportable, probablemente en alguna etapa en su vida donde eran fácilmente impresionables, como los trabajos de verano: Esos trabajos de verano que se convertirán en el "trabajo después de escuela", y después sencillamente en "algo que me es más útil que la escuela". Fernando, con su personalísima historia de niño de clase media donde sus papas se gritaban a menudo, y donde tenia que soportar el mal humor de su padre, y las tareas obligadas de su madre, se encontró con un hombre que le hablo como lo hacen los hombres que han tenido mujeres, los hombres a los que su padre respeta y su madre teme. De pie para afirmar su poder, su jefe le hablo a un Fernando-de-niño. Le hablo una mentira con, probablemente, un ostentoso reloj y voz estentórea, pelo grasoso y barba a medio crecer, (Le presumiría en algún bar las veces que se ha acostado con la secretaria). La gente se deja llevar por mentiras fáciles, y Fernando piensa que personas con poder fácil y la vida hecha realmente existen, y se dedica a aprender de un hombre puramente mediocre. Asi aprendio a abusar inmediatamente y sin que se lo pidieran. Alguna vez me ha contado a mi de este hombre, y de otros hombres, y de "lo mucho que ha aprendido acerca de la gente de ellos". Con eso quiere decir: lo mucho que ha aprendido a ser egoísta y a no preocuparse de los demás.
Suspire mientras trataba de construir un sarcasmo, pero tal construcción es lenta y generalmente lo que me sale es estupido. Como sea, no logre pensar en nada, y decidi quedarme callado, mirando la pared, esperando que me dijera algo más util con lo cual proseguir la conversación. Esperando, contemple mi pequeño cuarto: apenas una recamara de arriba de dos metros cuadrados, con un pequeño cuarto de baño en una esquina. La cama estaba pegada a un generoso ventanal, y junto había una pequeña mesa de noche, y apenas algo mas. Las paredes eran blancas y estaban desnudas. Estaba empezando a regañarme por el piso llena de huellas de zapatos cuando Fernando volvio a hablar:
-"¿Estas ahí?¿Porque no me contestas?"
Suspire mientras trataba de construir un sarcasmo, pero tal construcción es lenta y generalmente lo que me sale es estupido. Como sea, no logre pensar en nada, y decidi quedarme callado, mirando la pared, esperando que me dijera algo más util con lo cual proseguir la conversación. Esperando, contemple mi pequeño cuarto: apenas una recamara de arriba de dos metros cuadrados, con un pequeño cuarto de baño en una esquina. La cama estaba pegada a un generoso ventanal, y junto había una pequeña mesa de noche, y apenas algo mas. Las paredes eran blancas y estaban desnudas. Estaba empezando a regañarme por el piso llena de huellas de zapatos cuando Fernando volvio a hablar:
-"¿Estas ahí?¿Porque no me contestas?"