Hoy el fantasma se apareció de nuevo, y esta vez no lo pude ignorar.
No era como si no esperara que me visitara --era en realidad una visita frecuente en esas horas insomnes desde hace ya dos meses. Pero esta vez, mis defensas estaban bajas. Cuando sentí el frío halo que me avisaba de su presencia, esta vez sólo pude contemplarlo y esperar que su visita fuera breve.
"Nunca lo superará", me susurró. En mi cabeza, no era ni hombre ni mujer --era un lamento asexual que transmitía la mezcla perfecta de tristeza y rabia, la una para hacerme sentir mal, la otra para asustarme. No sé cuál de las dos era más efectiva esta noche. Sólo sentía que no lo quería ahí. Y como todo... no era mi decisión.
"Eterno castigo", dijo ahora. "Llorarás sangre antes de olvidarlo. Termina con ella. Te reto".
Pronto terminará, pensé. Sólo debes resistir. Pronto se irá. Pronto--
"Hay otro".
Eso cortó mi respiración. No era parte de la letanía usual. ¿Era cierto? ¿O sólo me estaba manipulando? No... era mentira. Lo cual sabía que era imposible. Este fantasma hablaba sólo en mi cabeza. Y no había llegado al punto en que había desarrollado el talento de mentirme a mí mismo. Ojalá simplemente no pudiera mentir.
"Él te la quitará", crujió la voz. Sentí una puntada en los ojos. Esta vez iba a ganar. No había forma que no lo hiciera. Y ahí fue que finalmente, seis meses después del hecho, todo el peso de las consecuencias, que han estado golpeándome como una persiana que no sube, finalmente cae sobre mí como un tonel lleno. En el silencio de la oscuridad de mi habitación, yo aún me convenzo que puedo hacer algo para que el fantasma no se apodere de mí por completo, y digo una sola palabra: "No".
Pero claro, le acabo de lanzar un fósforo a una montaña. El fantasma no vuelve a hablar, sólo está allí, un tenue halo de fina bruma rojiza que yo veía aunque sabía que estaba en mi cabeza. Pero en algún lado, siento que no se ríe de mi débil intento de negación; está ofendido.
"Él es un caballero. Está fresco. La ha tratado bien. Y nunca le ha mentido. Nunca la ha lastimado. Tú sí. Ella despierta en las noches llorando. Ella no te perdona. Ella exige sangre. TU SANGRE. Y todo será inútil. Pues al final... te dejará. POR ÉL".
Concedo la derrota. La primera lágrima cae de mi ojo derecho, no tanto corriendo como gateando hasta la cama, la grasa en mi cara deteniéndola. Pero le abrió el camino a otras. La voy a perder. No puedo saberlo, no debo saberlo, y sin embargo lo sé. Voy a perder lo mejor que me ha pasado en la vida. Y el fantasma --mi proyección de su rabia en mi cabeza-- desaparece, satisfecho sabiendo que hoy no dormiré.
No era como si no esperara que me visitara --era en realidad una visita frecuente en esas horas insomnes desde hace ya dos meses. Pero esta vez, mis defensas estaban bajas. Cuando sentí el frío halo que me avisaba de su presencia, esta vez sólo pude contemplarlo y esperar que su visita fuera breve.
"Nunca lo superará", me susurró. En mi cabeza, no era ni hombre ni mujer --era un lamento asexual que transmitía la mezcla perfecta de tristeza y rabia, la una para hacerme sentir mal, la otra para asustarme. No sé cuál de las dos era más efectiva esta noche. Sólo sentía que no lo quería ahí. Y como todo... no era mi decisión.
"Eterno castigo", dijo ahora. "Llorarás sangre antes de olvidarlo. Termina con ella. Te reto".
Pronto terminará, pensé. Sólo debes resistir. Pronto se irá. Pronto--
"Hay otro".
Eso cortó mi respiración. No era parte de la letanía usual. ¿Era cierto? ¿O sólo me estaba manipulando? No... era mentira. Lo cual sabía que era imposible. Este fantasma hablaba sólo en mi cabeza. Y no había llegado al punto en que había desarrollado el talento de mentirme a mí mismo. Ojalá simplemente no pudiera mentir.
"Él te la quitará", crujió la voz. Sentí una puntada en los ojos. Esta vez iba a ganar. No había forma que no lo hiciera. Y ahí fue que finalmente, seis meses después del hecho, todo el peso de las consecuencias, que han estado golpeándome como una persiana que no sube, finalmente cae sobre mí como un tonel lleno. En el silencio de la oscuridad de mi habitación, yo aún me convenzo que puedo hacer algo para que el fantasma no se apodere de mí por completo, y digo una sola palabra: "No".
Pero claro, le acabo de lanzar un fósforo a una montaña. El fantasma no vuelve a hablar, sólo está allí, un tenue halo de fina bruma rojiza que yo veía aunque sabía que estaba en mi cabeza. Pero en algún lado, siento que no se ríe de mi débil intento de negación; está ofendido.
"Él es un caballero. Está fresco. La ha tratado bien. Y nunca le ha mentido. Nunca la ha lastimado. Tú sí. Ella despierta en las noches llorando. Ella no te perdona. Ella exige sangre. TU SANGRE. Y todo será inútil. Pues al final... te dejará. POR ÉL".
Concedo la derrota. La primera lágrima cae de mi ojo derecho, no tanto corriendo como gateando hasta la cama, la grasa en mi cara deteniéndola. Pero le abrió el camino a otras. La voy a perder. No puedo saberlo, no debo saberlo, y sin embargo lo sé. Voy a perder lo mejor que me ha pasado en la vida. Y el fantasma --mi proyección de su rabia en mi cabeza-- desaparece, satisfecho sabiendo que hoy no dormiré.